El asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan (Michoacán), reveló nuevamente la vulnerabilidad de las autoridades locales frente al crimen organizado. Hombres armados asesinaron a Manzo durante un acto público por el Día de Muertos en el centro de Uruapan, aunque contaba con protección federal desde diciembre de 2024.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, condenó el homicidio como “vil y cobarde” y convocó al Gabinete de Seguridad para reforzar la estrategia nacional contra la impunidad.
Este hecho ocurre en un contexto de alta tensión en Michoacán, donde la industria de aguacate, altamente lucrativa, ha sido blanco de grupos delictivos. Manzo había advertido que no quería “ser otro más de la lista de ejecutados”. También pidió apoyo federal para enfrentar a grupos como el Cártel Jalisco Nueva Generación.
Las autoridades detuvieron a dos sospechosos y abrieron fuego contra otro, que murió en el lugar.
El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, informó que investigan varias líneas y reconoció que los agresores aprovecharon la vulnerabilidad del evento público.

